Autor Món animal
18 abril 2016 a 18:00

Mi perro no viene, mi perro se va

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Mi perro no viene, mi perro se va // Imatge Indicans

Mi perro no viene, mi perro se va // Imatge Indicans

Muchos clientes, vecinos e incluso amigos me preguntan a menudo cómo pueden hacerlo para que su perro acuda a la llamada.

El primer paso es preguntarles en qué situaciones lo intentan y qué variables pueden estar haciendo que su perro prefiera otras actividades o evite el acercamiento.

¿Cuáles son los errores más frecuentes y cómo podemos evitarlos?

Lo que le ofrecemos no es suficientemente interesante

Cuando nuestro perro lo deja todo para venir con nosotros es porque anteriormente, durante el entrenamiento inicial, le ha compensado escogernos. Si no hemos conseguido que le interese llegar hasta nosotros, será más probable que siga haciendo actividades más preferidas, aunque nos estemos esforzando al máximo por llamarle.

Será importante que cuando acuda a nosotros, le sorprendamos con diferentes refuerzos o premios. ¿Qué podemos hacer en este sentido?  Conocer a nuestro perro y saber qué le gusta. A partir de aquí, podremos utilizar lo más adecuado: juego con pelota, juego con cuerda o comida de diversos tipos.

La típica pregunta es: ¿siempre tengo que llevar algo? Al principio, en el entrenamiento, sí. Luego ya podremos improvisar un poco más e incluso utilizar felicitaciones más neutras. Eso sí, cuanto más sorpresiva e interesante sea una posible consecuencia, ¡mucho mejor!

La llamada ha precedido la finalización del paseo

Es muy común que hayamos dejado libre a nuestro perro para finalizar el paseo llamándole y atándole de nuevo. Una vez que el perro ha visto el encadenamiento de sucesos, prefiere evitar el acercamiento a nosotros para prolongar al máximo posible su tiempo de recreo en libertad.

¿Cómo lo hacemos? Llámalo, recompensarlo y luego vuelve a dejar que juegue libremente (o atado a una cuerda larga) para volver a realizar esta secuencia un tiempo más tarde.

La llamada ha precedido consecuencias no agradables

A parte de la finalización del paseo, he visto muchas veces la situación siguiente: propietario llamando a su perro sin éxito durante varias veces y, una vez el perro finalmente acude, recibirlo con un sinfín de reprimendas verbales tipo “¿qué has hecho?” o “¿por qué no vienes cuando te llamo?”. La cara del perro en estas ocasiones, se parece bastante a “¿qué pasa?”. Si cuando está cerca de nosotros lo que vive son experiencias negativas, ¿qué va a pasar la próxima vez?

En lugar de castigarle cuando se equivoque, aprovechemos los errores para enseñarle a tener un nivel de ejecución mayor. Siempre tiene que tener nuevas oportunidades (controladas) de hacerlo mejor. Para ello, deberemos volver algún paso atrás y empezar en un contexto más adecuado.

Hemos empezado en un contexto difícil: con distracciones

El entrenamiento de la llamada debería empezar en un entorno neutro, sin distracciones, y con nuestro perro atado a una correa larga para evitar errores e incluso fugas. Si no estamos seguros de que nuestro perro permanecerá a una distancia prudencial, no empecemos dándole total libertad arriesgándonos mucho.

Antes de entrenar la llamada, nos puede interesar adquirir herramientas de conexión y otras herramientas básicas de educación canina.

Llamamos a nuestro perro mirando hacia él, esperando que entienda por sí mismo el mensaje.

Debemos tomar consciencia de nuestro lenguaje corporal y saber que debemos comunicar con nuestro cuerpo incluso más que con nuestras palabras cuando estamos intentando que nuestro perro nos entienda. Si en lugar de ir hacia él y mirarle fijamente (incluso algunas veces lo hacemos enfadados y con cara de pocos amigos) nos giramos y nos vamos corriendo en otra dirección, será más fácil que tenga ganas de seguirnos.

La palabra “ven” ha empezado a tener significado nulo

Si repetimos mucho un sonido o, en este caso, una palabra sin que éste tenga significado o consecuencias lo que ocurre es un proceso de habituación. También es frecuente que pase con otras palabras demasiado usadas como el nombre del perro, el “no” o las típicas órdenes básicas que hemos intentado enseñar. Al final, lo que veremos es que deja de producir respuestas en el perro hasta el punto de frustrarnos nosotros mismos al ver que nuestro mejor amigo ignora totalmente nuestros intentos de comunicación.

¿Qué podemos hacer para evitar la habituación ?

Usar la palabra, al principio, cuando estemos entrenando la llamada preparados previamente con el material y la ayuda necesaria.

Evitar usar demasiado la palabra escogida, usarla sin consecuencias positivas o usarla demasiadas veces.

Si no nos está funcionando, ver en qué estamos fallando y cómo podemos volver un poco atrás para entrenarlo mejor.

Conclusión:

Es divertido, es necesario y…  ¡es posible!

Aquest text ha estat redactat per Sílvia Rodellar, fundadora d’Indicans, una entitat que treballa per a millorar l’educació i el benestar dels gossos i de les persones que conviuen amb ells.

Indicans

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