Autor El poema
21 Juliol 2015 a 15:00

Tras siete horas de campo

Tras siete horas

Y es fué, qué jornada! La caza menor,
entre su frío, asienta su abrigo el campo,
donde en hora intrépida, gallardo
consuelo, el hondo y agradecido puchero,
aquellos bendicen, las ancestrales vías.

Y una plegaria, sobrevolando ilimitada,
si quienes descansan, su falta que,
prepara no lejos, pues verse quizá,
levantar la cama, de hora un preludio.

Y es fueron, que reinas! De campo castellano,
tan noble como bella, calando su textura,
en el imborrable de la carne, cierta,
contiene la solvencia, enérgica saluda
tan prieta de fibras, salvaje y peregrina,
por conquistar paladares vuela.

Y es, lo fueron, al encuentro,
nunca imaginado, última vez,
del fogón y lumbre su marcha,
que honor y tributo, la pieza merezca,
sea tanto cobres o destreza suya el no,
Alteza más grande,
de cualquiera otro mortal dijera,
no vueles allá no sabes…

Alonso de Santa Inés,
Perdices silvestres estofadas,
Comarca de Alba de Tormes.

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